Recién egresado del Colegio San José, el joven Mateo Martinić Beroš anhelaba viajar a Santiago para estudiar. Sin embargo, las finanzas domésticas eran precarias, y no había forma de solventar los gastos de viaje, vestuario y estadía en la capital.
Doña Rosa Beroš Pavišić, su madre, buscó fervorosamente los medios para enviar a su hijo a estudiar y cuando ya se le agotaban las oportunidades y las esperanzas, logró que una amiga le facilitara el dinero en calidad de préstamo.
Con la confianza renovada, Mateo Martinić Beroš se decidió por estudiar Pedagogía en Historia y Geografía, ya que esa carrera le permitiría ingresar al pensionado universitario del Monseñor Oscar Larson, con una mensualidad muy accesible.
El pensionado solamente recibía estudiantes de Pedagogía. Él consiguió una recomendación del Monseñor Vladimiro Borić, quien también le dio datos y contactos para gestionar una beca para sus estudios universitarios.
El 10 de marzo de 1950, Mateo Martinić Beroš se despidió de su familia y viajó a Santiago en un avión DC 3 de la Línea Aérea Nacional, haciendo varias escalas. Al llegar al aeropuerto Los Cerrillos, lo esperaba su tía Josefina Beroš Pavišić, la hermana de su madre.
El joven se instaló en el pensionado del Monseñor Larson, donde el régimen de vida era de estricta disciplina y para pertenecer en él, debía ser católico observante y tener buenas costumbres.
No consiguió la beca universitaria sugerida por Monseñor Borić, por lo que tuvo que trabajar por horas fuera de los horarios de estudios como supervisor en una sala de cine y preceptor de los hijos de una familia de prestigio social.
Lo que ganaba mensualmente apenas alcanzaba para pagar el pensionado, lavado de ropa y movilización para ir a la universidad. No sobraba para nada más.
